La identidad como tercera piel: cómo el patio escolar puede narrar quiénes somos y hacia dónde queremos ir

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La identidad como tercera piel: cómo el patio escolar puede narrar quiénes somos y hacia dónde queremos ir

 

El artista y pensador Friedensreich Hundertwasser planteó su teoría de las cinco pieles para explicar cómo las personas habitamos el mundo y cómo este nos habita a nosotros: la piel del cuerpo, la ropa, el hogar, la identidad social y, finalmente, el planeta. Cuando lo trasladamos a la escuela, descubrimos que el espacio educativo —y de forma muy especial el patio— funciona como esa tercera piel colectiva que envuelve a la comunidad y transmite un mensaje silencioso sobre quiénes somos, qué valoramos y qué aspiramos a construir.

En un contexto educativo donde conviven culturas, lenguas, orígenes y relatos diversos, y donde la identidad local ya no refleja de forma homogénea a las familias que integran un centro, el patio es una oportunidad privilegiada para reforzar pertenencia, memoria y convivencia. Y, además, es un espacio ideal para encarnar los valores y competencias que marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), necesarios para educar a la ciudadanía del futuro.

De este modo, el patio, cuando está bien diseñado, no es un espacio funcional: es un espacio que cuenta una historia. Es decir, narra de forma intencionada e invisible la identidad local, cultural y pedagógica del centro:

Identidad pedagógica: el patio como espejo de cómo entendemos educar. Un patio no debería ser genérico, porque ninguna escuela es genérica. Su diseño debería revelar la identidad pedagógica del centro: aquello que la escuela cree, defiende y promueve. Ejemplos concretos de narrativas espaciales según el proyecto educativo:

Centros que apuestan por la igualdad y la coeducación:

  • Juegos no segregados por género.
  • Murales creados por el alumnado con referentes femeninos en ciencia, deporte y cultura.
  • Ausencia de “territorios conquistados” tradicionalmente por un grupo (como pistas centrales dominadas siempre por el fútbol).

Centros que ponen la creatividad en el centro:

  • Espacios para arte efímero.
  • Muros para dibujar con agua o tiza.
  • Escenarios para dramatizaciones.
  • Materiales naturales para construir, desmontar y reinventar.

Centros orientados a la ciencia y la investigación:

  • Rincones de observación con lupas o prismáticos.
  • Huertos de experimentación.
  • Paneles meteorológicos.
  • Estaciones para estudiar biodiversidad.

Centros con un destacado eje deportivo y de salud:

  • Circuitos motrices variados.
  • Zonas de equilibrio y escalada.
  • Espacios para movimiento creativo (baile, coordinación, retos cooperativos).

Centros comprometidos con el medioambiente:

  • Compostadoras, huertos, jardines de lluvia.
  • Estructuras de sombra naturales con especies autóctonas.
  • Sistemas de reutilización de agua visibles.
  • Mobiliario reciclado o reconvertido.

Todo esto encarna valores alineados con varios ODS, especialmente el ODS 3 (salud y bienestar), ODS 4 (educación de calidad), ODS 5 (igualdad de género), ODS 10 (reducción de desigualdades) y ODS 11 (ciudades y comunidades sostenibles).

Identidad local: un arraigo necesario para construir pertenencia. La identidad local —el patrimonio cultural, natural o histórico del territorio— puede representarse en el patio sin caer en folclorismos ni exclusiones. Es un anclaje simbólico que da continuidad a la vida del barrio o del pueblo dentro del entorno escolar. Formas concretas de incorporarla:

  • Usar materiales del entorno: piedra local, madera autóctona, colores característicos de la arquitectura del lugar.
  • Incorporar flora del ecosistema local, no solo por estética, sino por sostenibilidad.
  • Diseñar patios que recuerden plazas, parques o paisajes significativos de la comunidad.
  • Trabajar con artesanos o agentes culturales del barrio para co-crear piezas permanentes.

Identidad cultural diversa: un patio para todas las pieles. En muchas escuelas, la identidad local ya no coincide con la identidad cultural de su alumnado. En lugar de vivirlo como una contradicción, podemos convertirlo en un recurso pedagógico que fomenta inclusión, convivencia y ciudadanía global. Ejemplos concretos:

  • Señalética en distintas lenguas presentes en el centro.
  • Murales colaborativos sobre historias familiares.
  • Juegos tradicionales de diferentes culturas pintados en el suelo.
  • Espacios donde las familias compartan relatos, objetos o símbolos significativos.
  • Proyectos donde se construyan narrativas visuales plurales: mapas del mundo, rutas migratorias, celebraciones compartidas.

El patio como ética visual: valores para una ciudadanía futura. La escuela debe anticipar el mundo que queremos construir, y el patio puede ser una herramienta clave para ello. A través del diseño, puede transmitir valores y competencias clave para el futuro:

  • Cooperación: juegos cooperativos, bancos circulares, retos colectivos.
  • Pensamiento crítico: rincones de observación, paneles que invitan a investigar.
  • Creatividad: espacios abiertos a la transformación.
  • Sostenibilidad: ciclos visibles de agua, energía y residuos.
  • Igualdad: accesibilidad universal y distribución equitativa de espacios.
  • Autonomía: zonas donde elegir libremente actividad, lugar y compañía.
  • Cultura de paz: rincones de mediación y bancos de la amistad.
  • Conciencia planetaria: vegetación diversa, refugios para fauna útil, paneles educativos sobre climática o biodiversidad.

Una tercera piel que cuenta una historia. Cuando un patio escolar incorpora la identidad pedagógica, la identidad local y la identidad cultural del alumnado, se convierte en un espacio que:

  • Genera pertenencia.
  • Reconoce la diversidad.
  • Construye convivencia.
  • Promueve valores de futuro.
  • Y se alinea con los ODS.

Es, literalmente, una tercera piel que protege, que narra y que educa. Un espacio que no solo acompaña a la infancia, sino que la prepara para vivir en un mundo complejo, diverso y profundamente interdependiente.

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