Las funciones ejecutivas

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La corteza prefrontal es una de las zonas más complejas del cerebro. A menudo se la llama el cuartel general, el director de orquesta o la cabina del piloto, porque coordina y dirige la conducta. Desde aquí se planifica, se inhiben impulsos, se regula la emoción y se gestiona la atención.

Junto con el córtex cingulado, ejerce control sobre estructuras subcorticales como la amígdala, el hipocampo o el núcleo accumbens, integrando información de todo el cerebro para tomar decisiones y orientar la conducta, también en el aula.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Estas capacidades dependen de las funciones ejecutivas, un conjunto de habilidades que se pueden entrenar y que nos permiten regular emociones, mantener la atención, tomar decisiones y dirigir nuestra conducta hacia objetivos. Son fundamentales tanto para el rendimiento académico como para la adaptación social.

Las funciones ejecutivas básicas son tres:

  • Control inhibitorio: nos permite frenar impulsos, regular la atención y ajustar el comportamiento.
  • Memoria de trabajo (descrita por Baddeley): mantiene y manipula información durante unos segundos para pensar, resolver problemas o seguir instrucciones.
  • Flexibilidad cognitiva: nos permite cambiar de estrategia, adaptarnos a lo inesperado y modificar la conducta según las demandas del entorno.

A partir de estas funciones básicas se construyen otras más complejas como la planificación, la toma de decisiones o la metacognición.

Cómo entrenarlas en el aula

En el aula, las formas más eficaces de entrenarlas son el juego, el movimiento, el arte y la cooperación, porque activan el cerebro en estados de motivación, exploración y aprendizaje activo. Cuando el alumnado juega, crea y colabora, entrena de manera natural su atención, su autocontrol y su capacidad de resolver problemas.

La metacognición como pilar

Un pilar fundamental es la metacognición, es decir, aprender a pensar sobre cómo pensamos. Esto aumenta la conciencia, mejora la autonomía y fortalece el pensamiento crítico. Son muy útiles actividades como la toma de decisiones, el mindfulness o pedir al alumnado que explique cómo ha llegado a una respuesta.

También funcionan muy bien el método socrático y las rutinas de pensamiento, basadas en preguntas como: ¿por qué?, ¿qué pasaría si…?, ¿hay otra forma de verlo? Estas preguntas entrenan la reflexión y la toma de perspectiva.

Para entrenar las funciones ejecutivas de forma sencilla:

  • Control inhibitorio: juegos tipo «Stop», donde hay que actuar y frenar a tiempo.
  • Flexibilidad cognitiva: juegos de roles y cambio de perspectivas.
  • Memoria de trabajo: repetir secuencias de números o palabras hacia delante y hacia atrás.

En definitiva, trabajar las funciones ejecutivas es trabajar la base del aprendizaje, la conducta y el bienestar en el aula.

Eduardo Muñoz

Eduardo Muñoz

Neuroeducador y autor de Cerebro Infantil y Maltrato

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